Tuesday, October 7, 2014


El hombre que vio en el diseño, el alma de la creación humana: Steve Jobs

Es mejor ser pirata que alistarse en la marina (Steve Jobs)

Ahora que quiero escribir acerca de este ser humano, aparte de la hoja blanca, no hay nada blanco

en mi mente. Muchas frases, anécdotas, datos, números y su discurso en Stanford retumban en mi

cabeza. Mis neuronas tienen una fiesta. De hecho, su discurso me ha acompañado muchas veces

en mi vida. Hay momentos que sólo me digo: sigue hambrienta, sigue alocada, necia, imprudente,

desatinada (stay hungry stay foolish). Ese discurso me llegó al correo hace varios años. Estar en

una escuela donde las reglas son la piedra angular de todo, limitaba un poco mi sentido rebelde y

creativo hacia la vida. Cualquier cosa contraria a esa férrea disciplina normalizante la he atesorado

intensamente.

Lo que Jobs apuntaba al final de su mensaje para los recién egresados de esta universidad

de Palo Alto en California era algo que otros filósofos de la vida ya habían apuntado antes. De hecho

es extraño y, en medio de toda la incomprensión, lógica la similitud de las vidas de estas personas:

Cioran y Jobs. Jobs fue dado en adopción. A Emil Mihai Cioran en 1935 su madre le dijo que si

hubiera sabido que iba a ser tan infeliz hubiera abortado. "Soy sólo un accidente. ¿Por qué debo

tomarme en serio?" –dijo Cioran. Esta frase me rememora la idea de Jobs de que la vida es relativa,

y esa relatividad sólo cobra sentido al imponernos nuestras propias reglas para vivir y las de nadie

William H. Gass definió el trabajo de Cioran como "un romance filosófico en temas

modernos como la alienación, el absurdo, el aburrimiento, la futilidad, la decadencia, la tiranía de la

historia, la vulgaridad del cambio, la conciencia como agonía, la razón como enfermedad". “Definido

en ocasiones como un ‘filósofo sin sistema’, aunque sus planteamientos entran dentro de la llamada

filosofía del absurdo, sus obras fueron ampliamente criticadas”. Cambiar el paradigma siempre

conlleva una serie de críticas muy fuertes. De hecho, por esa razón: cambiar las cosas, innovar,

hacer lo que no está previsto, hizo que a Jobs lo despidieran de la compañía que había fundado.

“Dicha fijación por ahondar en distintos canales del mercado tecnológico, fue también la causa de su

ausencia obligada en su propio negocio. Lo corrieron en 1985”.


Muchos podrán decirme que Cioran era un pesimista acérrimo y que Jobs, por el contrario,

era un optimista. Lo único que sé, es que Jobs era un perfeccionista. ¿No hay acaso en esa idea de

la perfección y el control una idea de que algo puede salir mal? ¿Acaso pesimismo no es la fijación

de evitar lo burdo y simple, que abunda en nuestro mundo, para encontrar la verdadera belleza?

“La constante en la visión de Jobs fue el perfeccionamiento y la intuición de una experiencia de

consumo perfecta. Por ello es que podía supervisar desde la última coma de un comunicado de

prensa hasta la versatilidad de la pantalla de un iPad”. En los periódicos ya empiezan a aparecer los

decálogos. En uno de estos están “los 10 mandamientos que llevaron a Steve Jobs a ser un genio”

el primer mandamiento habla justamente de la perfección: “busca la perfección. Jobs suda los

detalles. La noche anterior al lanzamiento del primer Ipod el staff de Apple se quedó toda la noche

despierto, reemplazando conectores de auriculares porque Jobs pensaba que no eran lo

suficientemente ‘Clickys’”.

Vivir con las propias reglas: como él mismo dijo y tradujo. A pesar de ser despedido su

creatividad siguió fluyendo: fundó Pixar, creó Toy Story. Él no era su compañía, su compañía era él.

Ese es todo el punto. Los seres humanos tendemos a vivir y ser a través de algo más. Las etiquetas

abundan: el empresario, el abogado, el médico, el escritor, el pintor. En eso se pierde el ser humano,

caemos en la trampa, pero Jobs no dejó que eso le pasara. Él fue él y hoy mi mundo, no sé si el

mundo, lo recuerdan a él.

Me inspiro en él. No en la manzana, esa inspiración surgió de los Beatles. No en lo estilizado

de sus gráficos, eso surgió de sus clases de caligrafía. Me inspira él y su rebeldía. Me inspira él y su

disciplina. Pero no una disciplina “normalizante foucaltniana” sino una disciplina aplicada a nuestro

espíritu y a lo que somos. Una vida coherente y honesta: esa es la aportación de Jobs a mi vida.

Sólo amar lo que somos y amar lo que hacemos nos conduce a encontrar la verdadera

belleza. Jobs también mencionó en una de sus frases que la belleza es el futuro de la humanidad.

Pero creo que esa belleza sólo puede ser alcanzada con honestidad. Pero para ser honestos hay

que ser rebeldes. Ir contra la masa. Esa masa de la que Elías Canetti habló en su obra Masa y

Poder: “En el interior de la masa siempre reina la igualdad: en el fenómeno de la masa las

diferencias entre los individuos se diluyen en pos de la fuerza común; se trata de un cuerpo en el

que todos los elementos son iguales en la medida en que están fundidos en un mismo cuerpo

unificado”.

La igualdad, esa frase que ha movido corazones y ha creado revoluciones. Pero como todos

los derechos fundamentales es un derecho relativo respecto a los otros. Creo que la igualdad no

sirve de nada si no conduce a la libertad. Esa es la razón por la cual los individuos temen hacer el

ridículo: no quieren pagar el costo de salir de la masa. Siguiendo con los apuntes de Canetti: “La

masa ama la densidad: la densidad se refiere a la proximidad anímica y puramente física de los

cuerpos que integran la masa. En la formación de una masa se invierte el temor a ser tocado por el

otro, el temor a transgredir los límites individuales de la persona, con lo que aparece una formación

en la que los integrantes de la masa se encuentran en constante contacto los unos con los otros sin

importar el "quién" particular de cada uno de ellos”.

Jobs dormía en el piso de los dormitorios de sus amigos y luego, muy temprano, escapaba a

sus clases de caligrafía o de lo que se le antojara. “De la mano de Steve Wozniak comienza a asistir

a las reuniones del Homebrew Computer Club, donde Wozniak le cuenta que está intentando

construir un pequeño computador casero. Jobs se muestra especialmente fascinado con las

posibilidades mercantiles de la idea de Wozniak y le convence para fabricar y vender uno”. “Debido

a exigencias de contrato, Wozniak tuvo que dar a conocer su intención de construir un ordenador

personal a la empresa para la que trabajaba, Hewlett-Packard, que desechó la idea por considerarla

ridícula. Fue así como en 1976 nació Apple Computer Company”.Ir contra la masa, ese es el otro

punto. La masa era la empresa, la igualdad era el camino equivocado. Jobs empezó a vender

personalmente los ordenadores.

Pero la rebeldía, la belleza, la libertad no tienen sentido sin el conocimiento. Porque lo que

aprendemos todos los días, en cualquier lugar, a cualquier hora, es lo que genera nuevas cosas. El

motor de la creación es la curiosidad. Los padres de Jobs era una familia de clase media baja pero

estaban decididos en invertir en la educación de sus hijos. “En 1961 la familia se trasladó a Mountain

View, una ciudad al sur de Palo Alto que empezaba a convertirse en un centro importante de la

industria de la electrónica. Allí asistió al colegio Cupertino Middle School y al instituto Homestead

H.S., también en Cupertino. A Jobs le interesaban bastante la electrónica y los gadgets, razón que le

llevó a unirse a un club llamado "Hewlett-Packard Explorer Club", donde ingenieros de Hewlett-
Packard mostraban a los jóvenes sus nuevos productos. Fue allí donde Steve vio su primera

computadora, a la edad de 12 años.” Por eso, como me dijo un hombre, con el que convivo algunas

veces al día, algunos días, o sea, mi jefe: “hay que invertir en uno…uno se puede quedar sin [comer]

pero hay que invertir en uno”. C o n o c i m i e n t o, más disciplina, más rebeldía (cómo lo he

explicado en el texto). No sé si haya formular pero suena mucho a la de muchas personas que

pueden inspirar esta misma filosofía: diseña, con belleza, con belleza diseña tu vida.

Recuerdo que la primera vez que entré a una tienda de Apple en el Pacific Centre Mall en

Vancouver estaba impávida. De hecho toda la ciudad me tenía impávida y no pude empezar a

entender hasta una semana antes de que estuviera por dejarla. Supe, entre muchas otras cosas,

que quería una mac blanca con una manzana. Todo el ambiente de la tienda era algo así como un

museo de lo estilizado, el art déco, el minimalismo y algo más: Steve, Steve Steve. Hasta los

vendedores de la tienda eran parte del museo: sonrientes, dispuestos, especialistas, intentaban

hablar español por Dios! Actuaban como si les hicieras un favor, y así era (en el estricto sentido

empresarial). Coincido con los periódicos cuando dicen que “su legado no se apagará mientras

exista un iPhone, iPad, iPod o computadora Mac disponible en el mercado o cuando se vean esos

audífonos blancos en las orejas de algún usuario” pero no por los objetos per sé. Lo importante, su

verdadero legado, está detrás de estos aparatos, de estas invenciones: él es el legado. Él vino y

cambió una era de la historia tecnológica, él vino y revolucionó mi historia en general: él me hizo

revisar a mis autores favoritos, él… que me mantiene viviendo pero viva, hasta que muera, que

puede ser ahora mismo. Esa es toda la historia. Por eso “sigan hambrientos, sigan alocados, necios,

imprudentes, desatinados”.

Dalia Jazmín Antonio Marcos

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