qué darle al corazón afligido
sino el círculo de muerte necesaria
que es la mujer?
Jaime Sabines
Esferas rojas: donde el mundo acaba e inicia el cielo
Este texto es un primer ladrillo de algunos que serán un muro argumentativo acerca de la recién aprobada reforma migratoria en los Estados Unidos de América. Uno de los sectores más afectados (positiva y negativamente) y que más protagonismo tiene y tendrá en toda esta historia, que está empezando a finalizar el entretejido de sus redes como delicado rebozo, es el de las mujeres. Historias de mujeres valientes que han sobrevivido el proceso de adaptación, de lo que puede ser una jungla de asfalto (acero y cualquier materia que les recuerde a los personajes de Momo de Michael Ende) conozco muchas. Las he leído, las he visto, las he escuchado, las he oído. Mi experiencia más enriquecedora, por su multiplicidad, su crudeza, su melancolíaa y su alegría, son las que viví en unos círculos de mujeres que organizó una mujer muy valiente: Giselle Carcámo.
The intercommunity Peace & Justice Center, es un centro de apoyo para la justicia social en Seattle. Este centro es auspiciado por 16 comunidades religiosas (preponderantemente católicas). Uno de los programas que tiene este centro es llamado Circulo de Mujeres para la justicia. A través de los círculos de Mujeres para la Justicia, mujeres de bajos recursos económicos (la mayoría de ellas) han descubierto que pueden hacer frente a la injusticia y a las causas subyacentes a la pobreza. Uno de los ciclos de círculos en los que tuve oportunidad de participar fueron la serie de talleres interactivos para el desarrollo de lideresas.
La obra pictórica seleccionada para ilustrar la invitación a los talleres fue la de Blanca Santander. Una artista peruana en Seattle. Una de las obras que usaron para ilustrar el tercer taller, Tropósfera, exhibe un circulo amarillo perfectamente definido en el corazón de la mujer de ojos enormes e interrogantes. Ser lideresa es abrir un circulo, volviendo siempre al inicio cuando se cree que se está en el final.
Las actividades realizadas en estos talleres, mostraron los tres ejes sobre los que se trabajó con casi 60 mujeres maravillosas dispuestas a llenar su esfera, o a vaciarla compartiendo, o a pintarla de diversos colores agradeciendo las experiencias de las otras. El primer eje fue acerca de descubrir nuestras propias habilidades curativas para la liberación. El segundo, fue acerca de la participación cívica de las mujeres y el último fue acerca de irradiar nuestra luz en comunidad. Fueron talleres interactivos donde aprendimos a liberar nuestras emociones, ha exhibir nuestros miedos y a recibir con humildad y valentía.
Los ejes suenan sencillos y elocuentes pero en realidad hay una realidad más compleja detrás. A lo largo de la historia, la mujer ha sido estigmatizada de formas muy peculiares, lo cual muchas veces la ha orillado a callar, a ser una esfera que puede ser rota con un suave viento, o a ser un circulo que no tiene contenido.Como lo señala Foucault, desde principios de la era moderna se produce una "histerización" del cuerpo femenino, que aparece total y concienzudamente "saturado de sexualidad" (Foucault, 1980: 104). O bien, La idea kantiana de que existe una vocación plural de los hombres y una única para las mujeres. La mujer existe sólo para darse a otros, sobre todo a un hombre, nunca para formarse a sí misma (Kant,1978: 148). En particular, las mujeres latinas, al ser parte de una minoría en un país diverso a la visión cultural de la cual provienen, tiene una doble tarea enfrente.
Muchas mujeres lloraron en estos talleres. Pero la lección más maravillosa que recogí es que ellas han aprendido a cambiar sus circunstancias y la de su familia sin ser una víctima más. Son unas guerreras. El factor común en la mayoría era una historia de lucha inacabada pero inevitablemente fructífera. Una de las mujeres con las que me tocó trabajar era una chica de El Salvador. No había terminado de hablar la primera ponente, Jacqueline Larraizar, cuando ella ya estaba llorando. Se me quedó viendo y me dijo: perdón. Yo quería pedirle perdón a ella! Perdón por no saber cómo reaccionar. No dije nada. Más tarde, cuando una actividad del taller así lo requirió, hablamos un poco. Su hijo estaba con su padre en el Salvador. Muy pequeño, ella lo había tenido que dejar ir días atrás porque su esposo fue deportado. Ella tenía que trabajar aquí valientemente y ser el pilar económico de la familia. ¿Cómo mantener dos trabajos y cuidar a su pequeño? Lo dejó ir con el padre y su madre. Allá, en el pequeño y hermoso país centroamericano, estaría mejor. Estaría en un patio enorme para jugar con sus primos y no en cuatro paredes de un pequeño departamento en las manos de una vecina u otra madre de familia que hacen a veces de niñera para contribuir al gasto familiar. Lo extrañaba y se sentía entre orgullosa y culpable. Después de esa anécdota vinieron muchas más. De golpe entendí muchas cosas pero la más clara fue que, en este país de libertades y oportunidades, la reivindicación del papel de la mujer latina en su sociedad en una prueba absoluta de nuestro gran espíritu y, de qué, las circunstancias y el sistema socio-cultural donde vivimos, son un factor determinante en nuestro desarrollo como mujeres en nuestra comunidades. Al final, no pude dejar de abrazarla y mientras se despedía de las demás mujeres, la observé con mucho detenimiento: por primera vez en toda la tarde, estaba sonriendo. Era mi tiempo de llorar.
Estos talleres, son una luz en el camino, una manera de pulir nuestras esferas y redescubrir nuestro brillo, que siempre ha estado allí pero que a veces a sido cubierto por una fina capa de polvo (o no tan fina). El ejercicio de gritarle a todas: ¡Soy una mujer maravillosa! O de encender una vela y asentir mientras la ponente nos recordaba que nuestro brillo no apaga la de las otras y que juntas podemos brillar más, son dos ejemplos de cómo seguir llenando esferas y no rendirse.
Por ello, el poema de Benedetti que leyó Giselle, fue de lo más pertinente y lo recojo como corolario de este texto:
no te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterar tus miedos,
liberar el lastre
retomar el vuelo
Y yo agregaría: sé una esfera roja que brilla, renace y muere, muere y renace, para volcar el tiempo.
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