Frida, Yoko y sus amores
Frida Kahlo, Yoko Ono, John Winston Lennon y Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez, o sea Diego Rivera comparten varias cuestiones en común: no sólo son artistas, sino iconos de distintos movimientos reivindicatorio en diversos planos de lo humano. Rompieron estructuras, crearon ideales, impusieron un estilo, provocaron ámpulas sociales.El 8 de diciembre, Lennon y Rivera, Rivera y Lennon, comparten una ida y una partida, una partida y una ida: Diego Rivera arribó como un ave idílica ese día y 94 años después, Lennon se fue volando como un ave sublime. Su talento artístico es evidente por una razón clara, sencilla y contundente (cómo lo es lo realmente importante): hoy “vendedora de alcatraces” nos sigue arrancando un suspiro a unos o “sueño de una tarde dominical en la alameda” impresionando profundamente a otros. “Strawberry Fields Forever” es un embeleso para mi alma, especialmente en estas mañanas frías camino al trabajo e “Imagine” sigue siendo un himno del que muchos seguiremos teniendo sed mientras los niños o las personas sigan muriendo por defender lo que son, y sus libertades.
Frida Kahlo y Yoko Ono, no sólo tienen en común haber consumido drogas, amar el arte, ser creativas, ser valientes y el hecho de haber compartido una parte de su vida con estos dos artistas legendarios, sino que, usualmente no se soslaya nunca unir sus nombres a los de sus hombres. Es como si no hubieran desarrollada una carrera propia. La realidad es que ellas ya eran artistas cuando los conocieron. La fama es otra cosa, pero su calidad de artistas estuvo y está muy clara. No es lo mismo la fama que tiene hoy una estrella de alguna televisora mexicana que la del escritor César Vallejo ni qué decir del pintor Francisco Toledo. La fama no refleja necesariamente el grado de talento, de hecho parce que cada día lo refleja menos. Sin embargo, ellas tuvieron que cargar no sólo con la fama de sus parejas sino con su calidad artística indudable.
En 1922 Frida entró a la Escuela Nacional Preparatoria de Ciudad de México, “la más prestigiosa institución educativa, la cual empezaba por primera vez a admitir chicas como alumnas. Allí sus travesuras la convirtieron en la cabecilla de un grupo mayoritariamente formado por chicos rebeldes”. Fue precisamente en esta escuela donde entraría en contacto con su futuro esposo, Diego Rivera.
Rivera, el muralista, el viajero: Ecuador, Bolivia, Argentina, España, EEUU, Francia. El padre al que se le murió un hijo (fruto de su primer matrimonio con la pintora rusa Angelina Petrovna Belova mejor conocida como Angelina Beloff). El padre de maravillosas hijas. El hombre de los tres matrimonios. El luchador social: “Diego Rivera regresó a México para participar en las campañas emprendidas por Vasconcelos y en las cuales participó también con los muralistas mexicanos José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo, así como con el artista francés Jean Charlot”. El que fue expulsado del partido comunista. El esposo de Frida…
En la red encontré este párrafo que me parece que muestra en una parte la relación de Frida y Diego: “en 1939 Frida Kahlo terminó un autorretrato constituido de dos personalidades: Las dos Fridas. Con este cuadro, asimila la crisis marital, a través de la separación entre la Frida en traje de tehuana, el favorito de Diego, y la otra Frida, de raíces europeas, la que existió antes de su encuentro con él. Los corazones de las dos mujeres están conectados uno al otro por una vena, la parte europea rechazada de Frida Kahlo amenaza con perder toda su sangre. Ese mismo año expone en París en la galería Renón et Collea gracias a Bretón. Su estancia en la capital francesa la llevó a relacionarse con el pintor malagueño Picasso y a aparecer en la portada del Vogue francés. Por entonces Frida era conocida en el mundo entero”.
Yoko Ono “pertenece a la aristocracia japonesa y formó parte del movimiento vanguardista de la década de los 60, era integrante del grupo Fluxus. Adepta del arte conceptual, en el cual las ideas son el motor y la esencia de la obra de arte, pudiendo llegar a ser incluso más importantes que su forma física y el empleo de técnicas de realización”.
Sobre cómo conoció a Lennon, la versión que me gusta es la de Bill Harry en The John Lennon Encyclopedia: “el 9 de noviembre de 1966 Lennon fue a la galería Indica de Londres, donde Ono estaba preparando su exposición de arte conceptual, y fueron presentados por el galerista John Dunbar. Lennon se sintió intrigado por la obra de Ono «Clavar un clavo»: los clientes clavan un clavo en una tabla de madera, creando de esa manera la obra de arte. Aunque la exposición aún no había comenzado, Lennon quería clavar el clavo en la tabla, pero Ono lo detuvo. Dunbar le preguntó: «¿No sabes quién es? Es un millonario! Él podría pagar dinero.» Ono no había oído hablar de The Beatles, pero cedió con la condición de que Lennon pagara sus cinco chelines. Lennon respondió: «Te voy a dar cinco chelines imaginarios y clavo con un martillo falso.» Versión también reforzada por la Entrevista Con John Lennon y Yōko Ono-PLAYBOY en enero de 1981 por David Sheff.
Lennon, el grande, el inolvidable. El músico, compositor y cantante que revolucionó la música y su generación. Profundamente humano, falible, débil, drogadicto. Él mismo declara en la entrevista con Sheff: “Una parte de mí quería ser aceptado por todas las facetas de la sociedad y no ser el músico bocazas y lunático que soy. Pero no puedo convertirme en algo que no soy. Dada mi actitud, los padres de los otros chicos (...) reconocían instintivamente lo que yo era, es decir, un alborotador. Sabían que no iba a ser un conformista y que influenciaría a sus hijos, que es lo que luego sucedió realmente. Hice todo lo posible por causar problemas en la casa de los amigos que tuve en parte por envidia, porque yo no tenía eso que llaman hogar. Aunque en realidad lo tenía (...) Habían cinco mujeres que eran mi familia. Cinco inteligentes y fuertes mujeres. Cinco hermanas. Aquellas mujeres eran fantásticas (...) Esa fue mi primera educación feminista (...) Una de ellas resultó ser mi madre (...) No sabía cómo enfrentarse a la vida. Tenía un marido que se escapó a la mar en medio de una guerra y no podía conmigo. Por aquel entonces yo tenía cuatro años y medio. Al final acabé viviendo con su hermana mayor. Aquel conocimiento y el que yo no estuviera con mis padres me hizo ver que los padres no son dioses”. Eso es Lennon, para mí, el más grande…
Es muy común mencionar que Yoko ejerció una influencia decisiva en la vida de Lennon. La tendencia es culparla por la separación de The Beatles, “aunque las filmaciones durante las sesiones de grabación de Let It Be muestran un grupo de por sí cansado y al borde de la exasperación por parte de todos sus miembros”. Por el contrario, en ese compartir una vida, Yoko lo influenció fuertemente, sí, pero de muchas maneras positivas.
En esta misma entrevista para la revista Play Boy, “Lennon dijo que hasta que conoció a Yōko Ono, nunca había cuestionado su actitud machista a las mujeres. La canción de The Beatles «Getting Better», dijo, cuenta su propia historia: «Todo eso de 'Solía ser cruel con mi mujer, la golpeaba y apartaba de todo lo que le gustaba' era realmente yo. Yo solía ser cruel con mi mujer, de modo físico —con cualquier mujer. Era un golpeador. No podía expresarme y lo que hacía era golpear. Peleé con hombres y golpeé mujeres. Por eso es que siempre estoy con la paz».”
Al final, el 8 de diciembre es un día para celebrar la vida, de dos grandes. Para mí, sobre todo es un día para recordar el papel de las mujeres en el mundo, para recordar nuestra fuerza, para recordar nuestros logros, para recordar nuestro ser per sé, con independencia de nadie y con dependencia hacia un todo. Pertenecientes a un todo, igualitario, donde todos juntos y por igual contribuimos a un lugar más hermoso donde vivir.
Según los Estudios románicos. 1 - volúmenes 16-17 del Departamento de Filología Románica de la Universidad de Murcia, “en 1938 el poeta y ensayista del surrealismo André Bretón califica [la obra de Frida] de surrealista, en un ensayo que escribe para la exposición de Kahlo en la galería Julien Levy de Nueva York. No obstante, ella misma declara más tarde: "Creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad". Con nuestras vidas podemos pintar nuestra propia realidad, ojalá cada día una mejor realidad.
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